LA RAÍZ EXPANDIDA
La raíz expandida nace de una certeza sencilla: la tradición vive cuando se toca, se canta, se escucha, se comparte y se transforma. La memoria de un pueblo respira en los cuerpos, en las voces, en los oficios, en los caminos, en las fiestas, en los silencios de la tierra y en el pulso colectivo de quienes continúan nombrándola. Cada gesto heredado guarda una forma de estar en el mundo. Cada sonido transmitido conserva una manera de comprender la vida.
Canarias es un territorio sonoro. Cada isla guarda una forma distinta de golpear el tiempo, de levantar la voz, de habitar el paisaje y de reconocerse en comunidad. En sus tambores, chácaras, romances, cantos de trabajo, arrorrós, endechas, bailes, procesiones y celebraciones populares permanece una inteligencia antigua: una manera de entender el esfuerzo, la celebración, la pérdida, la migración, el encuentro, el cuidado y la pertenencia.
La raíz expandida entiende la tradición como materia viva. Una materia capaz de dialogar con la escena contemporánea, la pedagogía, la investigación, la creación musical, el archivo, la mediación cultural y la participación comunitaria. Cada sonido heredado abre un campo de posibilidades. Cada gesto aprendido contiene una memoria que puede volver a encenderse en el presente y proyectarse hacia nuevas formas de expresión.
Crear desde la raíz expandida implica escuchar antes de intervenir. Escuchar a las personas mayores, a los portadores de la tradición, a los barrios, a los pueblos, a los barrancos, a la costa, al viento, a la piedra, al agua, al trabajo y a la fiesta. Escuchar también las ausencias, aquello que fue desplazado, aquello que quedó al margen, aquello que todavía busca una voz y un lugar desde el que ser compartido.
La escena se convierte entonces en un lugar de reunión. Un espacio donde la música, el cuerpo, la palabra, la luz, la materia y el rito construyen una experiencia común. El escenario se afirma como territorio de transmisión, memoria y futuro. Allí, lo antiguo vuelve a respirar con otra temperatura. Allí, la comunidad puede mirarse, reconocerse y encontrar en el acto artístico una forma de presencia compartida.
La raíz expandida reconoce el cuerpo como archivo. En las manos que golpean un tambor, en los pies que marcan un baile, en la respiración de un canto, en la postura de un oficio y en el temblor de una voz permanece una escritura anterior a la palabra escrita. Ese archivo corporal conserva saberes que merecen ser estudiados, cuidados, compartidos y proyectados con rigor, sensibilidad y respeto.
La educación ocupa un lugar esencial en esta visión. Transmitir la raíz a la infancia, a la juventud y a las comunidades educativas significa ofrecer herramientas para comprender el territorio desde la experiencia. Un tambor en una escuela puede abrir una conversación sobre historia, identidad, ritmo, convivencia, escucha, coordinación, diversidad y memoria colectiva. La tradición también se aprende jugando, preguntando, repitiendo, creando y sintiendo el pulso de los demás.
La creación artística tiene una responsabilidad pública. Cada proyecto nacido desde la raíz expandida debe devolver algo al territorio que lo alimenta: conocimiento, emoción, encuentro, documentación, participación, archivo, belleza, conciencia y comunidad. La cultura cobra sentido cuando fortalece los vínculos, amplía la mirada de quienes participan en ella y deja una huella capaz de permanecer en la memoria común.
La raíz expandida abraza la mezcla como parte natural de la historia canaria. África, Europa, América y el Atlántico han dejado huellas en nuestras músicas, en nuestras palabras, en nuestros cuerpos y en nuestras formas de celebrar. Crear desde Canarias implica reconocer esa condición insular, mestiza, migrante y abierta al mundo. Una raíz que viaja también sabe volver. Una raíz que escucha también sabe transformarse.
La tradición necesita manos, voces, preguntas, cuidado, riesgo y presencia. Necesita artistas capaces de honrar lo recibido y abrir nuevos caminos. Necesita instituciones que comprendan su valor. Necesita comunidades que la sientan propia. Necesita escenarios, aulas, plazas, archivos, caminos y hogares. Necesita tiempo, escucha y compromiso para seguir creciendo sin perder su hondura.
La raíz expandida propone una forma de trabajar: investigar con respeto, crear con profundidad, compartir con generosidad, documentar con rigor y devolver al territorio una obra capaz de permanecer. Cada espectáculo, taller, festival, encuentro, archivo o proceso comunitario forma parte de una misma tarea: mantener encendido el pulso de la memoria y proyectarlo hacia el futuro.
Desde esa tarea seguimos caminando. Heredamos una música que avanza con nosotros, una memoria que se mueve en el cuerpo, un territorio que suena en cada golpe, en cada canto y en cada gesto compartido. Somos parte de una raíz que crece hacia todas partes, que se hunde en la tierra y se abre al mundo, que recuerda lo vivido y empuja lo que todavía está por venir.
PASADO Y PRESENTE
Nuestra labor parte de una convicción profunda: la percusión en Canarias no es únicamente ritmo, es lenguaje. Es una forma de entender el tiempo, el trabajo, la comunidad y el territorio. Cada golpe contiene una historia; cada patrón rítmico es una estructura cultural que ha sido modelada durante generaciones.
En este contexto, la escuela se configura como un puente entre pasado y presente. Recordamos técnicas, toques y repertorios vinculados a las distintas islas —desde los toques de tambores y lapas hasta las sonoridades más vinculadas al canto y al trabajo cotidiano—, aunque lo hacemos desde una mirada contemporánea, consciente de que la tradición no es un lugar estático, sino un organismo vivo.
El proceso pedagógico que desarrollamos se basa en la experiencia directa: aprender haciendo, escuchando, repitiendo, equivocándonos y volviendo a intentar. Apostamos por una transmisión oral y corporal, fiel a las formas tradicionales de aprendizaje, donde el grupo adquiere un papel esencial. Aquí, el conocimiento circula, no se impone. Se construye colectivamente.
Además, entendemos la enseñanza como un acto de responsabilidad cultural. Formar a nuevos percusionistas no implica únicamente dotarlos de herramientas técnicas, sino despertar en ellos una conciencia sobre el valor del patrimonio que sostienen. Cada alumno y alumna se convierte así en portador de una memoria que trasciende lo individual.
La escuela, vinculada a Laboratorio Escénico y en diálogo constante con la Compañía Pieles, amplía esta transmisión hacia el ámbito escénico, conectando la tradición con lenguajes contemporáneos y generando nuevos espacios de creación. De este modo revitalizamos y, a su vez, proyectamos la cultura canaria hacia el futuro.
Transmitir, en nuestro caso, es hacer resonar el pasado en el presente para que alguien más, mañana, pueda volver a golpear el tambor… y reconocer en ese gesto algo propio.
CON LOS MÁS CHICOS Y...
En el corazón de cada uno de nosotros, cualesquiera que sean nuestras imperfecciones, existe el pulso silencioso de un ritmo perfecto, un complejo de ondas y resonancias que es absolutamente individual y único, que nos conecta con todo en el universo. El acto de alcanzar este pulso puede transformar nuestra experiencia personal y, de algún modo, cambiar también el mundo a nuestro alrededor. Diversas tribus nativas del planeta se refieren a este fenómeno como el latido de la tierra.


CON LOS MAYORES
Ocurre que la percusión está profundamente anclada en nuestros recuerdos ancestrales, de manera que toca cuerdas de resonancia muy profundas en nuestra memoria celular. Son arquetipos rítmicos por los cuales todos los seres humanos relacionamos ciertos patrones con sentimientos y experiencias similares. El poder de la pulsación nos conecta con la sensación de ser sostenido y transportado por ese latido.
Una enorme cantidad de textos etnográficos citan los muchos y variados usos del sonido del tambor en la mayoría de las culturas del ancho mundo, especialmente en los rituales relacionados con ciertas celebraciones anuales como la cosecha y la siembra, las curaciones y los sacrificios, el solsticio y el equinoccio, los ritos de paso, las procesiones, la caza, la guerra, etc. Cuando sentimos este latido, experimentamos un poder rítmico primitivo, somos uno con él y somos capaces de encontrarnos a nosotros mismos en este pulso. De esta manera, experimentamos un sentimiento de pertenencia que desdibuja las fronteras culturales de los pueblos.
Transmisión
Es momento de compartir...

En la compañía Pieles hemos tenido la suerte de experimentar todo este proceso de aprendizaje, integración y cohesión global de diferentes percusiones del mundo a través de la puesta en es cena de nuestros espectáculos.
Ahora nos encontramos en un momento de apertura en el que nos gustaría compartir todas estas experiencias. Percusión Canaria es la plataforma desde donde queremos desarrollar esta idea.
Aprenderemos ritmos identitarios de nuestro folclore que se mezclan, desde una raíz común, con ritmos de otros pueblos. Para ello abordaremos técnicas de ejecución de diferentes instrumentos de percusión que serán utilizados en diversos estilos y géneros musicales.
Propósito
UN SOLO PULSO

Con este apasionante proyecto hemos querido adentrarnos en la magia de la percusión y sus sonidos ancestrales para comprender aún más el sentido universal de esta maravillosa familia instrumental.
Los poderosos efectos transformadores de la percusión no son nuevos. El ser humano la utiliza desde sus orígenes como un medio natural —no verbal— de comunicación, integración y transformación..., un modo de relacionarnos más allá de nuestras fronteras culturales.
Cuando conectamos con otros seres humanos a través de la percusión emerge inexorablemente la memoria de la humanidad como un solo pueblo, un solo pulso. Nuestra propuesta pretende recuperar esta poderosa manifestación musical como una herramienta social y evolutiva.







